Cuando ir despacio te permite llegar más lejos…

El tiempo te pertenece a ti vivirlo y recorrerlo, si te das el espacio y el permiso para ser, respirar, sentir, siempre tienes y vas a tener tiempo

Barcelona, 18 de agosto de 2015

IMG_20150815_193150Era un domingo de sol, pero no era un domingo cualquiera. Uno de mis últimos en San Cristóbal de Las Casas y, por tanto, consciente de que era uno de los últimos partidos de fútbol con mi equipo. Otro encuentro con mi familia de corazón, y al mismo tiempo, el inicio de muchos cierres de una etapa maravillosa disfrutada en esta geografía que vivirá para siempre latiendo muy adentro de mí.

Y, efectivamente, no fue un domingo cualquiera, porque pese a la motivación y a querer celebrar ese momento tan especial, la vida ‘te da sorpresas’ siempre y, con ellas, nuevas oportunidades para aprender. Un incidente fortuito en un momento dado que cambia la forma de afrontar ese panorama y de andar (nunca mejor dicho) ese cierre. En unos segundos te das cuenta que te has roto el dedo del pie y mucho más: se han roto muchas de las expectativas y de las formas de vivir ese cierre. Visita al médico de urgencias y salir con 6 semanas de yeso por delante, muletas y pérdida de autonomía.

Despedirte desde la limitación, la dificultad, el dolor, el esfuerzo… de tantas cosas, recuerdos, personas, lugares, hogares. Aterrizar a tu tierra después de un tiempo fuera, sintiéndote frágil y vulnerable, no sólo por la incertidumbre de lo que llegará (un futuro totalmente nuevo por construir) sino también por tu circunstancia y la sensación de incapacidad física de afrontarlo.

IMG-20150715-WA0004La fragilidad se mueve a velocidades muy inmediatas, en distancias cortas, en decisiones básicas. La necesidad (no te queda otra) de atender lo que te sucede y la incapacidad de correr te permite avanzar con más agilidad. Porque estás en el aquí y el ahora de cada parte del proceso, viviendo los distintos duelos. El ritmo lento que te permite encontrar nuevos recursos, no esconder tus miedos y abrir las puertas de tu sentir pleno, con lo que te gusta y con lo que no. También descubrir quién te acompaña y hasta dónde está dispuesto a acompañarte. Maravillarte y sorprenderte con lo inesperado, aceptando lo que llega y lo que no como parte de un mismo regalo.

Mi corazón sigue en el océano, en ese limbo entre lo que fue y lo que será

Los incidentes también te traen regalos, cuando los abrazas y los aceptas. Cuando observas el dolor y le puedes mirar a los ojos, con miedo y con amor, siempre nacen flores con nuevas fragancias y sabores: la del aprendizaje integrado de lo vivido y la de la apuesta del sueño que quieres vivir o recorrer.

Crucé físicamente hace justamente un mes el océano en muletas, y sin embargo todavía mi corazón sigue en el océano, en ese limbo entre lo que fue y lo que será. Intentándome adaptar, comprender y aterrizar lentamente a un nuevo universo cultural, social, familiar y personal que se desvela. Cuando te reencuentras con lo conocido desde lo desconocido, reconociéndote en atisbos de lo que eras y ya no eres, de lo que querías y ya no quieres, de lo que anhelas y todavía tienes un camino por tejer, en este nuevo paisaje conocido que se te plantea como una incógnita.

Y mientras tanto el entorno que te mira apelándote, con la mirada del siempre, mientras tú eres diferente y sigues descifrándote, procesando agarrado a las manivelas del tiempo, pidiendo más tiempos muertos para diseñar tu estrategia. Te atragantas porque te parece que te tienes que adaptar aquí a vivir en este nuevo viejo lugar del ‘notenertiempo’. Y sabes que no es verdad, porque ha sido tu aprendizaje de ese viaje, tu tesoro, tu conquista. El tiempo te pertenece a ti vivirlo y recorrerlo, si te das el espacio y el permiso para ser, respirar, sentir, siempre tienes y vas a tener tiempo.

No hace falta que huyas, sólo que escuches. Que te regales un tantito más de confiar en ti 

Tu mente no puede, tu barriga te habla. Encontrándote en este mar, oleaje a veces mareado, a veces espumoso, otros en calma, capeando tus tormentas internas, tus viejas exigencias, tus nuevos parajes conquistados… No hace falta que huyas, sólo que escuches. Que te regales un tantito más de confiar en ti para digerir ese todo que conversa dentro tuyo. Para hacerte las preguntas que de verdad cuentan, para escribir tus nuevas páginas de vida con tu puño y letra. Miradas y certezas que encuentras cuando escuchas tu latir, recuperas el aire, levantas la mirada y descubres con ilusión este nuevo horizonte amaneciendo.

IMG-20150715-WA0005Caminar sin muletas al ritmo de tus muletas. Integrar la contingencia, el hándicap, como un nuevo recurso para saborear el camino. No importa donde estés ni lo que estés viviendo. Las experiencias te pertenecen. No están afuera, están adentro, y está en ti el hacerlas vivas cada día para que florezcan y construyas de a poquito un nuevo jardín, un nuevo lugar, un nuevo hogar.

Jordi Muñoz

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