Más que orgullo, ¡dignidad!

5 de octubre de 2014

Es una satisfacción descubrir el poder de los pueblos que no se victimizan, que no se conforman con la queja

Laguna-Suyul_desfilando-por-el-puente

Define el diccionario de la Real Academia la palabra orgullo como ‘arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas’. Nunca antes había buscado en el diccionario esta palabra, puesto que formaba parte de mi vocabulario habitual, hasta que hace algunas semanas, me invitaron a una comida en casa de unos amigos.

Una de las personas asistentes comentó que desde hacía tiempo ya no utilizaba la palabra orgullo porque le parecía que este término lleva implícito el punto de superioridad y el exceso de amor propio de quien experimenta ese sentimiento. Esa conversación me ha hecho replantear el empleo que le he dado… y he decidido cambiarla por otros adjetivos como digna, honrada, satisfecha, puesto que apuntan más a un trato de justicia, de equidad, de correspondencia, de proporción…

11_setembre_2014-V_ARAVID20140911_0008_7Los acontecimientos que están sucediendo en Catalunya, como la manifestación de 1.800.000 personas que el pasado 11 de septiembre salieron a las calles de Barcelona para expresar la voluntad de votar en una consulta ha llenado periódicos, programas de radio, anuncios publicitarios de la palabra orgull: orgullo de pueblo, orgullo de ciudadanía… El ejemplo de pacifismo, de madurez, de perseverancia de tantas personas me hace sentir honrada y digna de formar parte de este caminar, sin ningún sentimiento de superioridad, de altivez o soberbia. Sin vanidad, sin arrogancia, sino con un sentimiento de merecer, de estar correspondida, de forma proporcionada ‘al mérito y condición’ de estas acciones, de estas movilizaciones ciudadanas.

También en Cescuchando_en-la-laguna-Suyulhiapas los pueblos luchan por su dignidad y quieren ser merecedores de justicia y equidad. El 17 de septiembre se celebró una Asamblea en la comunidad de Candelaria, donde pueblos indígenas tseltales,  tsotsiles, choles y tojolabales de los municipios de San Cristóbal de Las Casas, Zinacantán,  San Juan Chamula, Huixtán, San Pedro Chenalhó, San Pablo Chalchihuitán, San Juan Cancuc, Tenejapa, Amatenango, Chilón, Tila, Salto de Agua, Comitán y Las Margaritas, se reunieron en la Laguna Sagrada de Suyul, en Los Altos de Chiapas, para declararse en contra de la construcción de la autopista San Cristóbal-Palenque. En la reunión se establecieron acuerdos y se dio a conocer una declaración en defensa de la Madre Tierra: la declaración de la Laguna Suyul. Muchos territorios sagrados, milpas que dan de comer a muchas familias, muchas casas, y sobre todo una parte de la riqueza y de la historia de estos parajes está seriamente amenazada

A pesar de la distancia entre ambas realidades, siento que están más cerca de lo que parece. Sin embargo, no podemos obviar que en el caso indígena son muchos los que se juegan la vida en la lucha, con las manos que siembran como principal arma ante el hostigamiento de grupos simpatizantes del gobierno disfrazados de borregos hambrientos. Es una satisfacción descubrir el poder de los pueblos que no se victimizan, que no se conforman con la queja. Se trata de pueblos expresando su deseo de ser escuchados, y en ambos casos los gobiernos de los que dependen hacen oídos sordos, muestran una falta absoluta de respeto… Sean más de un millón o millares los que claman, los gobiernos están obligados a ejercer la voluntad de sus gentes, porque (y muchos me van a tildar de ingenua) están al servicio de las personas, y deben ‘mandar obedeciendo’ los deseos de los ciudadanos/as. Están a nuestro servicio; no estamos a sus órdenes.

Asamblea-Laguna-SuyulEstamos de paso en este mundo y actuamos como si la tierra fuera de nuestra propiedad, como si los cargos políticos fueran por designación divina, y los intereses personales se anteponen al sentido común, al bienestar común. Nuestras huellas que pisan el suelo son postizas, son rastros que dejamos en la Tierra, dolorosas cicatrices que, en nombre del progreso, hipotecan el devenir de los que empiezan a andar, y de los que están por llegar. Ampliar la mirada, ejercer el respeto, la tolerancia y la solidaridad, nos haría crecer como personas y como colectivos de una manera que ni siquiera somos capaces de imaginar… de una manera digna, honesta, honrada… para satisfacción de tod@s.

Elisabet Alguacil

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