El fogón, por Xun Betan

Lo que más me llamaba la atención era el fogón, que siempre tenía leña con braza o estaba prendido, como esperando que se colocaran el comal o la olla para la tortilla o el atol.

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Por: Xun Betan

xunbetan@gmail.com

¡Qué bien lo recuerdo! Aquellas idas a la casa de mi bisabuela xLel a la hora de comer para dejarle algún bocadillo que mi mamá preparaba para la comida. Como todavía era muy pequeño, mi hermana me llevaba de la mano, como lo hacia mi abuelo jXav, eso para que nadie me molestara y ni me perdiera en el camino.

La casa de mi bisabuela xLel estaba a unas seis cuadras de donde vivían mis papás. La casa era muy bonita. Tenía una sola sala. Al fondo de ella había una mesa muy grande donde estaban varios cuadros y figuras de imágenes religiosas hechas en estuco. Entre las imágenes y figuras de barro, resaltaba la imagen de un Niño Dios que en sus manos sostenía un mundo. Esa era la imagen que más veneraba mi bisabuela porque le había hecho muchos milagros. Por eso, siempre mantenía arreglado el altar, porque además de ella, no faltaba vecino que entrara a rezar o que dejara alguna ofrenda de velas, veladoras o flores. También en la casa se había acondicionado un cuarto que servía de dormitorio. En el cuarto recuerdo que había una cama de madera, que fue elaborada rústicamente por mi bisabuelo; la ocuparon hasta que murieron. También había un cofre de madera donde mi bisabuela guardaba sus galanas nahuas y blusas que ella misma bordaba y tejía.

P1130240En el mismo terreno donde estaba construida la casa, había otra pequeña construcción que servía de cocina. Un espacio muy agradable y amplio. En el centro se encontraba el fogón. También había dos mesas. Una era para colocar el metate y la otra donde ella acomodaba delicadamente sus ollas de barro, tinajas, y otros trastos. Como silla, utilizaban unos banquitos hechos de troncos de madera que en tsotsil llamamos ts’omol. Lo que más me llamaba la atención era el fogón, que siempre tenía leña con braza o estaba prendido, como esperando que se colocaran el comal o la olla para la tortilla o el atol.

El terreno de la casa, recuerdo que tenía muchos árboles frutales y también tenía un jardín de flores, porque mi bisabuela se dedicaba a cuidarlas para después cosecharlas y venderlas. Con eso sobrevivía, aunque también se dedicaba a bordar las coloridas nahuas que las mujeres utilizaban. Mi bisabuela vivía sola. Su pareja, el que fue mi bisabuelo jMan, se había muerto unos años atrás, cuando un grupo de paramilitares financiados por el gobierno de entonces, lo emboscaron a él y a otras ocho personas más, después de ir a trabajar en su milpa, entre ellos había algunos niños. El motivo fue que ellos no aceptaban los proyectos que ofrecía el gobierno para el control político de la comunidad y para despojarla de sus tierras. Desde entonces mi bisabuela vivió sola por muchos años, y para sobrevivir se dedicó al bordado y la venta de las flores que ella misma cultivaba y cosechaba en su jardín.

P1140724A veces, cuando mi mamá me daba permiso, me quedaba a dormir en la casa de mi bisabuela, y me gustaba mucho porque por las noches, antes de dormir, durante la cena, nos sentábamos alrededor del fogón. Ella aprovechaba ese momento para también seguir con sus bordados ocupando la luz de las llamas del fuego que brotaban del fogón.

Sentados alrededor del fogón, mi bisabuela me contaba las historias de sus vivencias. Una de las tantas historias que me contaba fue una de mi bisabuelo jMan. La historia fue la siguiente:

«En una ocasión, tu bisabuelo salió muy temprano rumbo a su terreno para trabajar en la milpa, como de costumbre. Pero esa vez, él salió a las tres de la mañana rumbo a su terreno, y para llegar a él, tenía que cruzar por una vereda donde habían árboles muy altos como el de Tempisque, la Ceiba, Caoba, entre otros muchos que nacen en estas tierras. Ese día en el camino se encontró con una sorpresa. Tu bisabuelo, cuando se fue internando en la vereda, de pronto escuchó ruidos extraños que provenían del bosque. Cada que daba un paso, el sonido se hacía más fuerte. De pronto logró distinguir los ruidos del metate, de la escoba y de otros utensilios que son utilizados en la casa. Pero lo que más le sorprendió a tu bisabuelo fue lo que vio y escuchó. Según él, se había encontrado con:

La dueña y señora de la noche[1]

Ataviada con su hermoso traje negro
un rebozo le cubre su larga cabellera
el viento la mece al caminar.

Ahí baja caminando entre los montes
buscando su quehacer de todas la noches
arregla su casa, arregla los campos.

La señora de la noche de piel oscura
de apariencia delgada y alta
encantadora mujer, siempre ríe al caminar.

La señora de la noche
cuida los bosques, cuida los animales
es buena madre, abraza y cobija a sus hijos.

Es un grillo, es el silbido de la noche
canta en su hermoso lenguaje
canta en su bello idioma:

Pak’ita pak’ita chak nene’
Pak’ita pak’ita chak nene’

Vayan nene’
Vayan olol
Vayan kantsil ol

Pak’ita pak’ita chak nene’
Pak’ita pak’ita chak nene´

Vayanme olol
Vayanme nene’
Vayanme kune’

Pak’ita pak’ita chak nene’…

[1] Esta narración fue de mi bisabuela xLel. 1992.

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